martes, 20 de marzo de 2018

DEMETRIO O`HIGGINS PUGA

p. Diario del Maule Sur
EL HERALDO
RAUL BALBOA IBAÑEZ

Hijo del prócer y de doña María del Rosario Melchora Puga Vidaurre, nació en Santiago el 29 de junio de 1818 y falleció en Perú el 24 de noviembre de 1868, a la edad de 50 años, “por uso excesivo de opio, para buscar alivio a pesares amorosos”. Fue soltero.




Heredero de don Bernardo, llevó una vida social rangosa, viajó por varios países europeos. Fue Diputado del Congreso peruano. Su apostura de galán le atribuyen varios hijos, tanto en el Valle de Cañete como en Lima. Conservó el Archivo de su padre, que regaló a Benjamín Vicuña Mackenna.
Poco conocida es la vida, de Pedro Demetrio O”Higgins, hijo natural del Padre de la Patria y de doña María del Rosario Puga Vidaurre, hija del Coronel Juan de Dios Puga y que después don Bernardo lo reconociera como legítimo, siguiendo su propio ciclo familiar.

El Historiador, Miembro del Instituto O”Higginiano y ex – Diputado por Linares Jorge Ibáñez Vegara, escribió uno de sus libro sobre este personaje, cuya edición fue lanzada en Julio del 2006, agotada y al parecer no ha tenido nuevas ediciones, cuyos derechos de autor pertenecen a este Instituto.

Es interesante y ameno leerlo en sus 296 páginas, con sus numerosos capítulos, con el Prólogo de Cristian Guerrero Lira, que van desde “Amores en tiempo de guerra”; “ La vida sigue para doña María del Rosario”; “Abdicación, viaje y residencia de O”Higgins en Perú”; “Juventud de Demetrio”; “La leyenda del desafecto y los materiales de la infamia”; “Enfermedad, testamento y muerte de don Bernardo”; “Demetrio dueño de Montalván y Cuiva”; “Mujeres”; “Viaje de Demetrio a Europa”; “La atracción política”; “Muerte de Demetrio”; “Sus descendientes” y varios capítulos más, que permite conocer la vida y trayectoria del hijo del prócer, muy desconocida. Es destacable la Bibliografía y fuentes de consulta en que está cimentada esta obra histórica, la cual tuvo crítica favorable.

Acierto de su Prólogo
En parte del Prólogo Cristián Guerrero dice sobre Jorge Ibáñez: “quien si bien dedica sus esfuerzos intelectuales a la vida de Demetrio O”Higgins, distinta por haber vivido circunstancias históricas muy diferentes a las que experimentó su padre, e incluso a las de la vida de su abuelo, el Virrey del Perú”…”no se refiere exclusivamente a Demetrio, el joven y el adulto hijo del Libertador, sino más bien se estudia la de una familia y la de su vida privada, aquella que transcurrió intramuros en la casa de Lima o en la hacienda de Montalván”…”Y como se trata de una familia, también se describen y analizan los problemas económicos, las disputas por herencias y los delicados problemas de filiación”.

Amores en tiempos de guerra
O”Higgins era Director Supremo y deja Santiago el 7 de mayo de 1817 y permanece en Concepción hasta los primeros días de enero de 1818, “apareciendo en su destino, la joven María del Rosario Puga Vidaurre”, quien sedujo al Mandatario de 39 años, con sus 19 años, hermosa y excelente amazona, pianista, casada y separada de su marido José María Soto Aguilar.

“El destino pareció reemplazar para O”Higgins, en Concepción, los fríos y las lluvias de la zona, con la calurosa acogida que tuvo en la casa del Coronel Puga y particularmente de su hija”. (Pág. 17).
“La joven separada, vivaz, alegre moviendo agresivamente su cabellera colorina, rodeó a O”Higgins con las habilidades de una mujer que maneja con naturalidad los señuelos de la conquista. Su juventud y belleza, más que las supuestas “artimañas de experimentada provocadora”, que le atribuye Eyzaguirre, fueron suficientes para el encantamiento de O”Higgins”. (Idem).

Seducido don Bernardo, “con el beneplácito de sus padres, ella pasó a ser la compañera habitual del General, incluso en las cabalgatas de inspección de las tropas…siendo bautizada por los soldados, la hermosa pelirroja como la “generala”. (Pág. 18).

O”Higgins regresó a Santiago y el Coronel Juan de Dios Puga, su esposa, las dos hijas y un hijo varón, viajaron con el General en Jefe, quien en la capital dispuso la entrega de la mansión del marqués de Pita, en la calle Catedral, “solo a una cuadra de su palacio de gobierno”.

El nacimiento del hijo
Las visitas del Director Supremo a la residencia de los Puga Vidaurre continuaron, pues el hijo adulterino estaba por nacer. Se busca una solución al problema, “que no era menor, tanto para el prestigio de la familia Puga, como para el crédito del Director Supremo”.  El embarazo acercó a ambas familias, surgiendo la cuestión de la “dignidad” y el necesario ocultamiento del vástago ilegítimo…”siempre complejo y delicado”, para las costumbres conservadora y católica de la sociedad de la época, máxime del nivel de prestigio y relevancia que poseían ambas familias.
Al día siguiente del nacimiento, se bautizó al niño “en secreto”, en la Iglesia de San Isidro, como “Pedro, hijo de padres desconocidos”. El niño quedó en manos de su madre y abuela materna, hasta los 5 años, en que Demetrio fue llevado al Perú en 1823, por su padre al exilio, después de su Abdicación al Gobierno.

Durante muchos años Demetrio ignoró la existencia de su madre; pero después hubo entre ellos correspondencia por cartas; pero nunca se encontraron y sobre lo cual este autor entrega antecedentes valiosos e inéditos.

Doña María del Rosario, en plena juventud y alejada ya de don Bernardo se enamoró del Coronel patriota del “bando de Carrera” José Antonio Pérez – Cotapos, con quien tuvo dos hijos Federico y Catalina, ambos fuera de matrimonio, pues su esposo José Soto Aguilar (no pudo divorciarse), fallece en 1842 y ella el 3 de enero de 1858, a los 63 años.

Opinión (Raúl Balboa Ibáñez)
Esta obra despeja muchas incógnitas y especulaciones sobre la vida del prócer y su hijo, que el espacio de una Columna no permite extenderse, reiterando que ella pudiera ser reeditada.
Al contrario de su padre, Demetrio llevó una vida licenciosa, dejando muchos descendientes en Perú, por su actividad procreadora y éxito entre el mundo femenino. Uno de los biógrafos de O”Higgins, sobre su hijo dice: “se le atribuyen más de 200 hijos ilegítimos”, a lo que este autor considera esta cifra, “una exageración”. (Pág. 273).

Según el Historiador Fernando Diez Aljaro (fallecido), en ese país este apellido es muy común, incluso él trajo a Linares a las “Hermanas O”Higgins”, quienes tuvieron a su cargo, durante un tiempo, el Hotel y Bar “Astur”.

Demetrio fue muy cercano a su padre, participando en las actividades agrícolas y comerciales que tenía en Perú, que llevó a reconocerlo como su hijo y heredero.

Autorizó la repatriación de los restos del prócer a Chile y en 1868 una Comisión Chilena presidida por Manuel Blanco Encalada, cumplió este cometido, ocurrida el mismo año de su fallecimiento, en noviembre de 1868. Financió el Mausoleo de Mármol en el Cementerio General, donde quedaron sus restos. Posteriormente trasladados a la Plaza de la Ciudadanía, en la Alameda (donde están hoy), que lleva el nombre del Libertador.

MARÍA DEL ROSARIO MELCHORA PUGA Y VIDAURRE

(Fuente: Centro de Estudios Históricos Forenses)




Nació en Chillán el 6 de enero 1796. A los 21 años conoció a Bernardo O'Higgins, que entonces tenía 39 años. Era Mayo de 1817 cuando O'Higgins, llegó a Concepción. Era esperado por sus amigos y simpatizantes, entre ellos, el General Juan de Dios Puga, Gobernador de Concepción y padre de la  hermosa Rosario, que estaba separada de hecho, de su esposo José María Soto Aguilar. Era una dama  de tez blanca, rosada, cabellos pelirrojos y arrogante  postura, que pertenecía a una prominente familia de patriotas de Concepción, propietarios de extensas tierras al sur de la Hacienda Papal. Era obstinada y actuaba sin miramientos hacia las costumbres de la
época y su grupo social. Era especialmente rebelde, resuelta, valiente y apasionada – características  inadmisibles por la sociedad criolla en esas primeras  del siglo XIX.

En Agosto de 1817, O´Higgins pareció  interesarse formalmente en Rosario. En Enero de 1818, lo acompaña a Santiago.  A su llegada a la capital, por orden de O Higgins se le  entrega a la Familia Puga, una de las casas más opulentas de la época correspondiente a los  Marqueses de la Pica, quienes por su condición  realista la habían abandonado.

En Santiago, la joven Rosario fue objeto de escrutinio público y escándalo, toda vez que no era aceptado socialmente que una mujer separada, se allegara a un hombre soltero. Por consiguiente, para intentar regularizar su relación con O'Higgins, en 1818 solicita formalmente a las autoridades religiosas y civiles su  licencia de divorcio.  Del romance entre esta criolla y el Director Supremo nació el 29 de junio de 1818: Pedro Demetrio O'Higgins, hijo natural del Libertador, a quien posteriormente reconocería como hijo.

Esta relación duró hasta 1820, cuando O'Higgins discutió con Puga, no solo por su hijo Pedro Demetrio, sino porque además, ella lo culpaba de haber mandado asesinar a sus amigos: los Hermanos Carrera y al guerrillero Manuel Rodríguez Erdoíza. Debido a esto, ella perdió la custodia de su hijo Pedro Demetrio y nunca más lo volvió a ver.


Demetrio O`Higgins Puga

Posteriormente, se casó en 1829 con el Coronel José Antonio Pérez-Cotapos, patriota chileno al servicio del General José Miguel Carrera, con quien tuvo otro hijo, Federico Pérez-Cotapos Puga.
Rosario, vivió una época de grandes convulsiones  políticas y notables momentos históricos para nuestro país. Fue el gran amor de Bernardo O'Higgins y la única que le dio un hijo. La sombra de O´Higgins y su amado hijo Pedro Demetrio, penaron en sus recuerdos de vejez. La sociedad de la época fue incapaz de  concebir el dolor, la tragedia y las pasiones que la atormentaron, señalándola y apuntándola en la vieja casona de calle Santo Domingo en Santiago, comentando por muchos añosque “Allí vivió la Punta de Diamante" como le decían por sus grandes pechos.

Después de morir Bernardo O'Higgins, ella logró ubicar y mantener correspondencia con su hijo Demetrio entre los años 1847 y 1852, cartas plenas de sentimientos donde, se transmite el amor
de una madre, a quien se le arrebató de sus brazos a su pequeño hijo. Le expresa su nostalgia y el deseo de estrecharlo y escucharlo decir mamá, además le solicita que le escriba a partir de entonces y envíe las cartas a nombre de su abuela, doña Isabel Vidaurre.

Demetrio envía respuesta manifestándole su satisfacción e interés por verla y abrazarla, cosa que nunca se pudo concretar.

Rosario murió en Santiago el 3 de enero de 1858, a los 63 años de edad y diez años más tarde, su hijo Demetrio.

Hija de Juan de Dios Puga y Còrdova de Figueroa e Isabel Gómez de Vidaurre Ugalde de la Concha-
Esposa de José María de Soto Aguilar Rioseco y en 2do matrimonio c/ José Antonio Péez-Cotapos Aldunate.
Pareja de Bernardo O`Higgins Riquelme.
Madre de Pedro Demetrio O`Higgins Puga, Catalina Pérez-Cotapos Puga y Federico Pérez-Cotapos Puga.
Hermana de Josefa, José Salvador,  Federico, Delfina e Isabel Puga Gomez de Vidaurre.
Medio hermana de José maría Puga Santibáñez y Mercedes Puga.

Revisar enlace:
http://www.centrohistoricoforense.cl/docs/Informe_puga-vidaurre.pdf

http://chillanantiguo.blogspot.cl/2018/03/demetrio-ohiggins-puga.html

domingo, 4 de marzo de 2018

OROZIMBO BARBOSA , Héroe de la Guerra del Pacífico

p. La Discusión

Orozimbo Barboza y  familia.


El 5 de marzo de 1838 nació en Chillán el militar chileno Orozimbo Barbosa, sujeto de la tradición militar de la mano de su padre Juan Barbosa Jiménez, quien llegó a ser sargento mayor del Ejército.

Orozimbo Barbosa estudió en el Colegio de Chillán y más tarde pasó a formar filas en el Ejército. Una de sus primeras misiones fue en la llamada Revolución de 1859, en donde defendió el Gobierno de Manuel Montt. Ese mismo año, ascendió  teniente y viajó a Buin para servir en su regimiento.

Al poco tiempo, logró el grado de capitán y fue enviado a La Araucanía con el fin de participar activamente en las campañas de ocupación de La Araucanía, entre los años 1862 y 1864.

Cuatro años más tarde, fue destinado a las operaciones de consolidación de la frontera militar en las áreas del Bío Bío y Toltén. Desde esta vereda, participó en la fundación de los fuertes de Mulchén, Negrete, Toltén y Queule y en julio de 1869 fue nombrado gobernador de La Imperial.




Su ascendente carrera lo llevó a asumir el grado de teniente coronel y en ese entonces, se planteó comunicarse con los pueblos indígenas a través de cartas.

La historia cuenta, que muchos loncos se resistieron a contestar sus misivas, pero ante la insistencia de Barbosa, se estableció esta forma de comunicación dentro del conflicto.

Ya en 1879 asumió la Comandancia del Regimiento de Lautaro desde su grado de coronel. Ese mismo año estalló la Guerra del Pacífico, conflicto en el que el chillanejo tuvo una especial participación a través de su cargo de comandante del batallón llamado “Cazadores del desierto”, participando en la expedición de Mollendo. Desde esa línea, luchó en la  Batalla de Tacna, Ensenada y Talca.

También participó en el asalto y toma del Morro de Arica el 7 de junio de 1880 para ser luego designado comandante en la campaña de Lima. Ahí se desempeñó como tal en las batallas de San Juan y Chorrillos y de Miraflores.

Finalizada la guerra, el chillanejo fue nombrado intendente, comandante general de armas de Valdivia, general de brigada y senador por Cautín.


Según los archivos de la biblioteca del Congreso Nacional, “Barbosa estuvo al frente del Ejército cuando estalló la guerra civil y como general en jefe mandó las tropas en la batalla de Concón, el 21 de agosto de 1891 y las que participaron en Placilla, el día 28. Fue derrotado en Placilla, y asesinado camino a Valparaíso, el 28 de agosto de 1891”.

martes, 6 de febrero de 2018

"Mapa Chillán, sus fundaciones y destrucciones 1580 1835"




INTRODUCCIÓN:
Atravesamos un momento de nuestra historia como sociedad en que la identidad necesita ser considerada como un artículo de primera necesidad (para emular la jerga economicista que nos invade). Necesitamos reconocernos; saber quiénes somos tanto como necesitamos respirar. Desconocernos es tan riesgoso como alimentarnos mal: nos conduce a lo que podríamos denominar como una “desnutrición identitaria”. Si no sabemos quiénes somos, cómo llegamos a ser lo que somos, cuál es la historia del suelo que pisamos, ¿cómo podremos integrarnos al mundo globalizado sin perdernos a nosotros mismos? Nos apremia conocer nuestra identidad, a riesgo de ser borrados por la desmemoria a la que nos arrastra la masificación de las modas culturales.

FICHA TÉCNICA:
Nombre: "Mapa Chillán, sus fundaciones y destrucciones 1580 1835"
Contexto:  El presente mapa territorial de Chillán en sus procesos de fundación, refundaciones y destrucciones, pretende ser un apoyo a la docencia histórica de la ciudad de Chillán, indispensable como material de apoyo docente y familiar.
Registro Propiedad Intelectual: Nº A-287159
Medidas: 70 x 70 cms
Escala: App 1cms : 125 mts.
Sustrato: Tela  banner de 200 grs.
Impresión: Todo color

Valor: $ 25.000 (listo para colgar) 

Modalidad de trabajo, contra pedido, transferencia previa.
Avisar al correo
chillanantiguo@gmail.com
maximo.beltran@gmail.com
fono 987580290 (no uso watsap)





LINK DIARIO LA DISCUSIÓN, dia 19 de febrero de 2018.
http://www.ladiscusion.cl/detalle/20177/Chillanejo%20crea%20original%20mapa%20hist%C3%B3rico%20de%20la%20ciudad#sthash.6q9G8K0o.dpbs

lunes, 4 de septiembre de 2017

EL VINO EN LA REGIÓN DE ÑUBLE ( EL PIPEÑO) 2


El pipeño es un vino 
con profunda tradición histórica 
en Chile. 

(extracto) The Pipeño: Story of a typical wine Southern Central Valley of Chile / Volumen 33, Nº 3. Páginas 87-96 IDESIA (Chile) Junio-Agosto, 2015.

Pablo Lacoste, Universidad de Santiago
Amalia Castro, Universidad finis terrae
Félix Briones, Universidad del Bíobio
Fernando Mujica, Escuela nacional de Sommeliers

Sus orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se difundió la pipa como recipiente para conservación de los vinos en el reino de Chile. Desde entonces, se ha mantenido como un vino típico de la zona sur del Valle Central, sobre todo entre los ríos Maule y Biobío.


Consistente con sus orígenes coloniales, el pipeño se elabora a partir de las uvas que se cultivaban en el siglo XVIII en Chile: Moscatel de Alejandría, para los blancos, y Uva País, en el caso de los rosados y tintos. También se emplean variedades derivadas de las dos anteriores, como Torontel (Moscatel Amarillo), Moscatel de Austria y Moscatel Rosado. El pipeño es un vino artesanal, elaborado con métodos tradicionales. No se emplean en su elaboración equipamiento ni instalaciones sofisticadas. Se elabora en forma sencilla, sin barrica de roble francés ni guarda en botellas. Se debe emplear la pipa de roble chileno (raulí).

El pipeño nació en el marco general de los productos típicos chilenos de los siglos XVIII y XIX, como el jamón de Chiloé, el queso de Chanco y el vino Asoleado de Cauquenes y Concepción. Todos estos productos fueron parte de la historia social, económica y cultural del país. Fueron elaborados en Chile con materias primas chilenas y mano de obra chilena para el mercado nacional, principalmente.

Pipeño en la vida campesina

A pesar de la posición hegemónica del discurso de los tecnócratas, el pipeño luchó durante un siglo para mantenerse vivo en Chile, apoyado por los pequeños productores artesanales y los consumidores del pueblo chileno, que no se dejaron someter por las corrientes principales de la industria.

El pipeño ha sido, a lo largo de la historia de Chile, parte importante de la vida social en los sectores populares del Valle Central. Es el reflejo del esfuerzo de los pequeños propietarios, que han mantenido encendida la llama de la tradición y la cultura de la vid y el vino en torno a paisajes cargados de cepa País y Moscateles, proceso que la antropología moderna define como endoculturación.

La endoculturación “es una experiencia de aprendizaje parcialmente consciente y parcialmente inconsciente a través de la cual la generación de más edad incita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos tradicionales de pensar y comportarse. (…) Cada generación es programada no solo para replicar la conducta de la generación anterior, sino también para premiar la conducta que se adecue a las pautas de su propia experiencia de endoculturación y castigar, o al menos no premiar, la conducta que se desvía de éstas” (Marvin Harris (2013). Así se explica, en términos antropológicos, la lucha desesperada que sostienen los viñateros del pipeño por perpetuar su tradición. En un espacio paralelo al que construyeron las grandes marcas mediante la publicidad y el marketing, el pipeño mantuvo su influencia en la vida cotidiana, en los encuentros sociales y en las reuniones familiares. Se integraron en el corazón mismo de la vida de las personas. Y si bien en las zonas urbanas perdieron protagonismo por el control de las cadenas de distribución ejercido celosamente por las grandes firmas, en las zonas rurales lograron mantener su presencia.

Los relatos campesinos de la Colección Fucoa, atesorada en la Biblioteca Nacional de Santiago, constituyen una interesante fuente para reconocerla presencia del pipeño en la vida social del ValleCentral de Chile. En efecto, esta colección se formó de manera relativamente espontánea, a partir de la convocatoria anual del Ministerio de Agricultura.
El pipeño: historia de un vino típico del sur del Valle Central de Chile 93 La colección Fucoa reúne diez mil cuentos originales donados desde 1992 por la Fundación de Comunicaciones del Agro (Fucoa) del Ministerio de Agricultura. Estos relatos surgieron como resultado de los concursos de cuentos e historias campesinas realizados anualmente por este organismo. Después de más de dos décadas de funcionamiento, se ha creado un fondo documental que rescata los usos y costumbres de las zonas rurales de Chile. Por lo general se trata de relatos de gente de la tercera edad y, en algunos casos, los autores refieren historias aprendidas de labios de sus mayores, al calor de la chimenea en noches de invierno. Estos relatos no tienen una fecha precisa, pero en buena medida, representan usos y costumbres de la primera mitad del siglo XX, con un margen de proyección anterior y posterior a esa fecha.

El pipeño es mencionado en cuatro oportunidades en los cuentos de la colección FUCOA. Aparece en estos relatos dentro de un mismo patrón sociocultural: es parte del ambiente de fiesta y celebración que gustan construir los campesinos. Alrededor del pipeño se crea el ambiente de sociabilidad, de amores, de encuentros y desencuentros, de dramas y sucesos memorables. Cuando la cosecha era fructífera, las bodegas se llenaban de frutos que se convertirían en espumosos vinos. En el relato, esta bebida sirve como parte del escenario dentro del que se desarrollan los sucesos que merecen la pena recordar y relatar.
El pipeño surge como elemento de cohesión y socialización. Es parte de la estructura de la vida social; ofrece el marco dentro del que se desenvuelven historias que se reconocen como valiosas e interesantes para la comunidad de referencia. A la vez, representa un tramo decisivo dentro de los ciclos anuales de vida agrícola de trabajo, cultivo y cosecha.
En el ámbito de la fiesta campesina, el alcohol y comida juegan roles fundamentales. El consumo del pipeño representa el momento de la celebración por la buena cosecha. Luego, esa tradición de celebrar la fecundidad del año agrícola se proyectó a los otros motivos de fiesta, tanto por motivos familiares (matrimonios, bautizos, cumpleaños) como en las celebraciones cívicas. Para las fiestas del 18 de septiembre (aniversario de la independencia de Chile), los hombres tomaban el pipeño tinto. Las sabrosas comidas preparadas para estas celebraciones se acompañaban de pipeños con olor a “roble viejo”. Tanto era así, que en estas fiestas, en que cocinaban las mujeres, los hombres “trocaban penas por alegrías”. Esta bebida se reconocía como parte indispensable del ambiente de fiesta. Sin ella, simplemente, no había celebración. El espacio de encuentro se construía, precisamente, a partir de la posibilidad de compartir este producto. 

Además, el pipeño no solo se bebía; también tenía una función de maridaje con la gastronomía. Servía para acompañar las comidas más sabrosas y condimentadas, como la empanada y la cazuela. También se valoraba para elaborar pescados y mariscos. En un relato se ponderaba los “inolvidables camarones cocidos en tres hervores de pipeño blanco con un cacho e’ cabra”. Si los varones se lucían con sus buenos vinos, las mujeres se destacaban con la gastronomía y el maridaje.

Posteriormente Pablo de Rokha, en su Epopeya de comidas y bebidas de Chile, menciona puntualmente el pipeño: “no comamos la ostra en ese ambiente, en el que relumbran y descuellan los congrios-caldillos o flamea la bandera de un pipeño incomparable”. Pero la referencia más llamativa es la de Raúl Rivero, en su poema “Quilmo”, en el que el pipeño forma parte de una escena muy melancólica: “Doña Cleofilda me invitó a comer/ un domingo de invierno. (...)/ En el momento trascendente y clásico/ de escanciar ambas copas/ se apagaron las luces./ Dejó de hablar la radio./ Se produjo un silencio./ Algo pasó en el aire./ Me tomé el vino en sombras./ Un vino de Chillán, pipeño, claro,/ con sabor a nostalgias o a naranjas”.

El mundo popular y campesino logró mantener viva la tradición del pipeño como producto típico de Chile. Le dio la fuerza necesaria para hacer frente a la estigmatización de los tecnócratas. Los chilenos modestos, sobre todo del campo, no cedieron a las corrientes ideológicas que, desde el poder, trataron de destruir los productos típicos chilenos, como hicieron con el queso de Chanco (el mejor queso del Cono Sur en los siglos XVIII y XIX, elaborado con leche de oveja) y el vino Asoleado de Cauquenes (el mejor de Chile en el siglo XIX).

A diferencia de estos productos, el pipeño logró mantenerse con vida, precisamente, apoyado por las capas populares chilenas.

EL VINO EN LA REGIÓN DE ÑUBLE (su historia) 1

Los vinos moscatel y país, 
de los cerros de Ñuble: 
de pipeños y famas...

Por Marco Aurelio Reyes Coca

Decano Facultad de Educación y Humanidades, 

Universidad del Bío Bío, Profesor Departamento Ciencias Sociales.

Obra "La Vendimia" de Máximo Beltrán

El presente trabajo pretende mostrar cómo la introducción del cultivo de las viñas por los españoles en el siglo XVI en la región de Concepción fue convirtiendo al Valle del Itata en el productor de los mejores mostos de la región. Sin embargo, la modernización de la viticultura chilena hacia fines del siglo XIX, provocó una barrera al sur del Valle del Maule, por las condiciones estructurales de la actividad económica.

La tierra adentro del mejor vino

De un trabajo histórico de Fernando Campos Harriet extraemos la siguiente aseveración: “Por lo rico era famoso en Chile el vino de Concepción”. La fama estaba avalada por los historiadores coloniales: Alonso de Ovalle (1646), Diego de Rosales (1660) y Miguel de Olivares (1758). Si de bondades se trata, cabe preguntarse ¿cuáles eran las viñas de Concepción? El Padre Rosales señala que “la tierra adentro da el mejor vino que en la vecindad del mar, y se ha dejado de cultivar esas viñas por haberse mejorado en otras”. Más tarde, Vicuña Mackenna, en su “Flandes Indiano” (1877), recuerda que a raíz del terremoto de 1647, un francés escapado de las ruinas penquistas (Concepción estaba en el actual Penco), habría exclamado ¡Qué desgracia para las viñas de Concepción! Se hace necesario aclarar este tema de las “viñas de Concepción".

Por razones geoclimáticas, esas viñas no podían estar cerca de Concepción o Penco, sino que “tierra adentro”. El historiador jesuita Gómez de Vidaurre, penquista expulsado y retornado, se instala en Quirihue, en 1806, en la estancia familiar de los Vidaurre, donde producían vinos por sobre los 14 grados. Tito Castillo, destacado periodista nacional, ha incursionado en el tema, dejando ver que los “viñedos de tierra adentro” estarían realmente en el valle del Itata. Por lo mismo, ha escrito sobre los “pipeños” de Cerro Negro, Don Lucho, Don Cleto, Canta Rana, La Perdiz, Don Erasmo, El Rodeo (“El famoso vino de Concepción”, El Mercurio, Santiago 7 de noviembre de 1980). Tal como señala Gómez de Vidaurre, para Tito Castillo, la “tierra dentro” era el Corregimiento del Itata. De hecho, no existía “una ruta del vino”, sino “tres rutas”: Rere-Concepción-Talcahuano; otra desde Quillón a Concepción-Talcahuano; y la de Quillón-Quirihue-Tomé"

Lo cierto es que los viñedos llegaron al Reyno con los conquistadores. Buscaron las tierras más soleadas y con lomajes para sus cultivos. Esas no estaban precisamente al lado de Concepción; más bien, estaban en Rere, Quillón, Cerro Negro, Lonquén, Guariligüe, Mangarral, Lomas de Portezuelo, etc. Los viñedos de la Estancia del Rey (Yumbel) originaron la ruta de Rere (Buenuraqui, a orillas del Itata), desde donde las carretas cargadas de pipas se dirigían a Concepción. Estos viñedos cultivados por los jesuitas, fueron rematados luego de su expulsión en 62 pesos y 4 reales (?). No cabe duda que la mejoría de los viñedos coloniales fue obra de los jesuitas, tal como ocurre en la hacienda de Cucha-Cucha, en el Itata. En el resto del territorio de Ñuble, la producción de los “pipeños” era responsabilidad de pequeños propietarios “cosecheros” de trigo y vino. Predominaban las uvas “País”, las que según Tito Castillo, eran incapaces de producir vinos de exportación debido a que “el pipeño es turbio porque tiene borra”. Estos viñedos de “rulo” arrastraban sus racimos por el suelo, tal como los describe el francés Frezier.

El milagro del vino de “Chillán adentro”

El asunto del vino tiene un cambio trascendental en el siglo XIX, cuando aparecen los franceses, que sí saben de vinos. Es un “milagro” en las tierras de “Chillán adentro”. En 1861 se llegan a producir 2. 340. 130 litros, mientras que aún Rere superaban los 3 millones 800 mil litros. Claro que a esto había que agregar los aguardientes, chacolí y chicha, de los que tanto ostentamos. El grueso de la producción lo seguían aportando los “cosecheros” aunque existían agricultores como Ignacio Urrutia, que en su hijuela de “San Javier” poseía 30 mil plantas de viñas; Pedro Valenzuela en “Dadinco”, o bien Juan Schleyer, que en su fundo de “Los Colihues”, dedicaba 300 de las 800 hectáreas, exclusivamente a los viñedos. Se puede advertir un cambio en la vitivinicultura ñublense.

Este desarrollo estimuló el aparecimiento de tonelerías y bodegas comercializadoras. Destacan las tonelerías de Luis Luflad (1858), que traspasada a la Sociedad Bouey y Janín, se situó entre las más importantes del país, obteniendo premio en la Exposición Industrial de Santiago, en 1884. En 1857, se establece la tonelería "Francesa de León Vidaut; y después de 1860 aparecen las de Luis Flaud, Simón Kerns, Jorge Paulsen y Jacobo Smith. Hacia 1895, habían nueve tonelerías en Chillán, destacando la de Bouey y Janín, que usaba máquinas a vapor y 50 trabajadores; la de José Félix Sánchez, con más de 20 obreros; y las de Lutgardo Sánchez, Nieves Zapata Arellano y Cía., José Ojeda, Andrés Vera, Federico Ruíz y la de la Sucesión de Juan Camalez. De no haber existido una gran producción vinícola, tampoco existirían tantas tonelerías de importancia.

Las bodegas comercializadoras del vino siempre fueron negocios importantes, aunque requerían de mayores capitales. Por eso, las mayores y más modernas se desarrollan desde el comienzo del siglo XX. La Discusión (14 de julio de 1909), destacaba la presencia de la sucursal de la Sociedad Vinícola del Sur (Tomé), de E. Dorlhiac, compradora de vinos y aguardientes, que antes operaba la tonelería de Bouey y Janín. La sucursal de una empresa de Tomé indicaba la importancia del vino ñublense en las exportaciones. Hacia 1928, la bodega de Augusto Larrere, poseía un considerable poder comprador de vinos de Lontué, San Javier y Chillán, además de ampliar bodegas, procesos científicos y modernos medios de transporte. También destacaba la “Vinícola Santa Elena”, de Emilio Morand, llegado en 1908. La Bodega Schleyer, funcionó por muchos años en calle Collín, convirtiéndose en la Cía. Productora y Comercial de Alcoholes S. A. La modernización del país con el mejoramiento de las obras públicas (caminos, ferrocarriles, regadíos) y la llegada de inmigrantes franceses, lograron el mejoramiento de la vitivinicultura local, con-tribuyendo a superar la fase del “pipeño con gusto a borra”. Esto trajo también el sometimiento de los “cosecheros” a las empresas mercantiles que se constituían. Para José Bengoa (Historia Social de la Agricultura Chilena”, 1990), la “cuestión vinícola de Ñuble” es algo aparte del proceso nacional, a partir de 1930.

La crisis de la producción de “cosecheros”, trajo la protección estatal (Estación Experimental de Cauquenes, frontera vinícola, fijación de precios). Así el “pipeño” comienza a ceder su primacía a los “filtrados”.

Cambios en la vitivinicultura

La vitivinicultura fue una de las actividades agrícolas que más transformaciones sufrió entre 1875 y 1892, con alta inversión y moderna tecnología. Se calculan unos 150 millones de pesos de inversión, los que según Gonzalo Vial, llegaban a 100 mil libras esterlinas, entre cepas importadas, maquinarias, bodegas, envases, botellas, etc. El proceso se inicia con Silvestre Ochagavía (1855) en sus viñas de Santiago; Luis Cousiño en la viña Macul (1864); los Undurraga (1888); Melchor Concha y Toro; Domingo Fernández Concha, en Santa Rita; Luis Pereira en Santa Carolina; y Rafael Errázuriz Urmeneta en su viña de Panquehue, en el valle del Aconcagua, con 700 hectáreas de nuevas vides.

Es la “época de oro de las viñas de marca”, todas “santas francesas”, entre el valle del Aconcagua y el Maipo hasta el Maule, cubriendo 20 mil hectáreas de vides francesas, como Cabernet-Sauvignon, Verdot, Semillón, Merlot, Pinot, Riesling, Chardonnay y Gewunt -Zraminer. Semejan paisajes del sur de Francia, con plantaciones alambradas y mucho riego artificial.

¿Por qué la innovación no llegó a los viñedos de Ñuble?

Mientras tanto ¿qué pasaba en Ñuble? Pese a los esfuerzos realizados por innovar los viñedos de “Concepción adentro”; parecía que el valle del Maule marcaba un límite entre la innovación y la tradición. Mientras que en 1913, existían 20 mil hás. de viñedos franceses, seguían predominando las 50 mil hás. de cepas viníferas “país”, traída por los españoles en la época colonial, plantadas como árboles frutales “en cabeza”. La diferencia se producía en la calidad de los vinos. Los mostos ñublenses provenían de la “vitis vinífera” y de las “uvas de mesa”, muchas veces desarrolladas “a la que te criaste”. Así surgían los tintos pipeños de la cepa “país”, la “país” vinificada en blanco sin contacto con el orujo y el fragante blanco del Moscatel de Alejandría. Eran vinos de alta graduación, pero la predominancia de los “cosecheros” impedían las altas inversiones que se hacían al norte del Maule. A pesar de ese inconveniente y de la vinificación artesanal, la producción aumentó y los pipeños vendimiados “a pata y chala limpia”, tenían excelentes ventas, en Coelemu, Ninhue, Quirihue, Portezuelo, Cerro Negro, Quillón, Ñipas, etc., tanto dentro como hacia afuera de los lugares de producción. Los pipeños sobre 13°, eran degustados ansiosamente aunque tuvieran “gusto a borra.” Salían en carretas con dos pipas de 400 litros cada una, hacia El Tomé u otros mercados. Luego lo hacían hacia Rucapequén para su embarque en el ferrocarril, gracias a su amplia aceptación.

La innovación en los viñedos de Ñuble, sólo llegó hasta la plantación de algunos paños de cepas Burdeos o de las llamadas “cargadoras” (Cabernet- Sauvignon), para darle “cuerpo” al vino “país.” En nuestra provincia no vivían los Ochagavía, Pereira, Concha y Toro, Urmeneta o los Errázuriz. Solamente existía el predominio de muchos y modestos “cosecheros.” Sin embargo, el aumento de la producción fue fantástico. Por ejemplo, en 1903 se producían 275 millones de litros en el país, subiendo desde los 110 millones de litros de 1883. La producción ñublense rondaba el 8% del total. El problema más profundo fue el que gran parte de esa gran producción comenzó a consumirse en el país, debido a los obstáculos producidos en el comercio internacional. La lacra del alcoholismo se asentó entre los campesinos y en los sectores pobres y marginales de las ciudades, entre ellas Chillán. En 1930, el consumo de 70 litros per-cápita, estaba demostrando los agudos problemas de la cuestión social y la vida embrutecedora y sin sentido que llevaban los campesinos y proletarios, subsumidos en asquerosas cantinas y “despachos”.

Los vitivinicultores de Ñuble, se vieron envueltos en el ciclo de las exportaciones, pero la falta de toda tecnificación e innovaciones diversas, impidió el desarrollo moderno de la actividad. La promulgación de la Ley de Alcoholes, en 1929, impacto profundamente a nuestros “cosecheros”, al duplicar el impuesto al vino. El Gobierno pretendía frenar, de esta manera, el aumento del alcoholismo en el país La medida trajo como inmediata consecuencia. el cierre de destilerías en Chillán, Coelemu, Lontué, San Javier, Tomé y Concepción. Años después, el agricultor Rafael del Río, opinaba al mismo diario chillanejo, que la tendencia de organizar la industria vitivinícola hacia los intereses de un pequeño grupo de productores, perjudicaba a la gran mayoría de los “cosecheros”, impidiendo el mejoramiento de la actividad, cuyas consecuencias se proyectarán en el tiempo. Esa opinión fue profética, por cuanto nuestra producción vinícola jamás alcanzó la relevancia que ha tenido desde el Maule al norte. Este es lo que se llama un problema estructural e histórico.

El ocaso de “los vinos de antes"

El enólogo Rodrigo Alvarado, señala en su libro “Los caminos del vino”, de una manera enfática, que “los vinos de ahora son mejores que los de antes”, lo cual significa que estamos viviendo la época del “ocaso de los vinos de antes”, identificando algunas condiciones básicas de la actividad vitivinícola, tales como, calidad de la uva (en cuanto a las mejores condiciones fitosanitarias); la vinificación o fermentación (basada actualmente en los mayores conocimientos científicos); la elaboración o crianza del vino en bruto (actualmente basada en agentes físicos como frío, centrifugación, filtraciones y elementos que al mezclarse con el vino producen efectos de arrastre y no asociación química como antes); el envasado (que asegura la asepsia); el proceso de transporte y de guarda.

Esta realidad que vive la viticultura entre los valles del Aconcagua (incluso hasta Copiapó) y el Maule, no es aplicable a los valles del Itata, que pese a tener una actividad de larga data (siglo XV), no ha podido participar de las innovaciones de la actividad. Mayoritariamente las viñas de Ñuble, corresponden a la variedad “País”, que no tiene prestigio en los mercados, los que se hacen cada vez mayores y más exquisitos. Los pequeños productores del “secano costero”, deben enfrentar serios problemas por los bajos precios que se obtienen por sus caldos: “muchos pequeños productores de Ñuble, ante el ofrecimiento de apenas 15 pesos por litro de vino, optaron por dejar el fruto de la planta, en la esperanza de venderlo convertido en pasas”. Como resulta difícil reemplazar las plantas por especies finas, que producen vino de mayor aceptación en el mercado nacional y extranjero, “los pequeños productores del secano, tienen que hacer frente a una difícil situación económica por los bajos precios que obtienen por sus caldos, hasta el punto de que varios de ellos prefirieron no cosechar la uva porque el costo de la mano de obra para ello era superior”.
La sobreproducción de uva y la baja de los precios, perjudican a los pequeños viñateros, aquellos que venden a otras viñas que comercian con la industria vinícola. Como es de esperar, el “ocaso de los vinos de antes”, no se impone en la provincia de Ñuble por la razones expuestas, sino que por la sobreproducción de uva, bajos precios, producción de vinos a partir de uvas de mesa que se vinifican, haciendo aumentar la producción, la subdivisión extrema de la propiedad, falta de asociatividad, etc. Además, la mayoría de las plantaciones carece de certificación y certeza sanitaria, lo que tiene efecto en la vida útil de las mismas y en su potencial productivo.

“Existe un serio problema de confusión varietal dentro de un mismo viñedo, afectando costos, calidad e imagen exportadora. A ello se une el replante en suelos contaminados con nemátodos y otras plagas y enfermedades”. Estamos aún muy lejos de la tipificación varietal y que algunas nuevas variedades de vides sean vinificadas. Escasos productores del sector han efectuado nuevas plantaciones con cepas finas para traspasar la actividad en un buen negocio (aumentó en 15 mil hectáreas).

Será aún difícil que los “cosecheros del Itata” entren en el proceso del cambio de las plantas para introducir cepas de calidad, que produzcan vinos de calidad, “mejores que los de antes”; y entrar de verdad en el circuito de las exportaciones que dejan al país (¡No la uva País!), 275 millones de dólares. La barrera geográfica del “ocaso de los vinos de antes”, sigue siendo igual como en los fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, el valle del Maule.

La geografía comparativa del vino ñublense

Cuando se compara la “geografía ñublense del vino” con los otros valles vinícolas del norte de la región central del país, se pueden explicar algunas situaciones de la historia vitivinícola del Itata. Resulta difícil hacer este estudio comparativo cuando observamos dos realidades tan distantes. Dice Raúl Guerrero que las comunas de “Viña” ubicadas en el secano costero tradicional (de Ñuble) viven en medio de una angustiante disyuntiva: “el cambio del cepaje tradicional por el Cabernet”, y la del “pino sin campesinos o el viñedo sin viñateros para dejar acaso de ser pobres".

En medio de esta realidad, se desarrolla como actividad productiva esencial la “viticultura”, sustentada en minifundos, en los que un viticultor posee como promedio 0. 28 hectáreas, cultivadas con cepas antiguas de baja calidad y rendimiento, principalmente de cepas “país” y “moscatel”, y donde difícilmente se introducen innovaciones y en la que el 90% de los trabajadores son de “temporada”, sin regulación laboral y en condiciones desventajosas. Esta situación contrasta con los valles ubicados al norte del Maule que representan el espacio vitivinícola de mayor importancia del país, la de mayores innovaciones y la base de las exportaciones del sector. En esa zona está el valle del Maipo, la zona vinícola más antigua del país, ideal para los Cabernet-Sauvignon, Chardonnay y Pinot-Noir; el valle del Aconcagua, idóneo para los Cabernet-Sauvignon, el más fino de los vinos tintos, donde están las viñas Veramonte, Santa Rita, Santa Emiliana, Concha y Toro, Villard, Casa LaPostole, Errázuriz-Panquehue, Casa Blanca, Morandé, Casas del Bosque y Mumm, produciendo a nivel internacional; el valle de Rapel, privilegiado para producir vinos de calidad: Camino Real, San Rosa, Undurraga, Santa Amalia. Mont- Gras, Bisquert, Casa Silva, Pueblo Antiguo, Los Vascos, Porta, Caliterra, etc., todos en la “Ruta del Vino”; el valle de Curicó, el corazón vitivinícola de Chile, cuya alta productividad ha permitido la instalación de lo más avanzado en tecnología de vinificación: Los Robles, Viña Miguel Torres, San Pedro, etc.; el valle del Maule, la “nueva ruta del vino”: Balduzzi, Concha y Toro, Carta Vieja, San Clemente, Segú Ollé y Lomas de Cauquenes. Frente a esta realidad comparada, cabe la interrogante lógica ¿qué podría hacer la viticultura del Itata basada en las cepas “país” y “moscatel”, frente a cepas finas cultivadas en espacios de parronales en fértiles tierras, con altas inversiones para producir vinos finos de exportación?

¿Podremos exportar los “vinos del Itata”?

Según el Censo de 1997, existen 10. 569 hectáreas de viñas en los caminos de San Nicolás, Trehuaco, Portezuelo, Coelemu, Ránquil y Quillón, preponderantemente de suelos aptos para la vinicultura, con cepas viníferas “País” y “Moscatel de Alejandría”, los más tradicionales, desde la época colonial.

En la provincia de Ñuble, la superficie de cepas finas, preferentemente Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, Syrah, Carmenere, Malvec y Sauvignon Blanc, alcanzan a unas 1. 340 hectáreas. El futuro de la exportación de vinos de Ñuble es optar por la reconversión a cepas finas reemplazando los “Moscatel y País que son los que predominan en toda la zona”.

El “Vino del Itata” como el de “tierra adentro” de la época hispana, comprende las comunas de Chillán, Quillón, Portezuelo y Coelemu. Es más bien el espacio que construyen los ríos Itata y Ñuble al entrar en su curso inferior. Era precisamente la “tierra adentro” que según el P. Rosales, “producía el mejor vino de Concepción”. Allí, según la ley de zonificación, existe la “denominación de origen a la zona del Itata” (decreto Ley n°464) que constituye requisito para poder exportar a USA y la comunidad Europea. Desde 1997, ha comenzado a aumentar la superficie de vides destinadas a producir vinos finos, con el desarrollo y fomento de la producción, mediante la investigación de bodegas de vinificación con tecnología avanzada.

¿Dónde está la innovación? Se encuentra en la Viña de Esteban Canata (229 hás.); Viña Valle del Itata (226 hás.); Fernando Giner (150 hás.); Iván Cáceres (30 hás.); Jorge Chandía e hijos Ltda. (51 hás.); Asociación de Viticultores de Coelemu (80 hás.); Empresa Suiza (80 hás.); y Errázuriz y Asociados (130 hás.). Junto a otros propietarios, suman las 1. 340 hectáreas de inversión e innovación en la vitivinicultura de Ñuble. Representadas en el valle del Itata, productor del “famoso vino de Concepción”.

Como la industria del vino del país ha alcanzado un desarrollo notable, llegando a los 600 millones de dólares en exportaciones, es de esperar que los vinos del Itata logren introducirse en la sensible innovación que han vivido los viñedos ubicados del valle del Maule al norte.

A manera de conclusión

El periodista Tito Castillo Peralta, Premio Nacional de Periodismo 2002, escribió lo siguiente: “Si se trata de un Cabernet Sauvignon guardado en barricas francesas por 12 meses para luego permanecer otro año embotellado en cavas subterráneas, se obtiene un rojo intenso color ladrillo, con aroma franco, a fruta madura y vainilla, es un vino redondo, nítido con tonos de ciruela seca y chocolate. Gran bouquet de características aromáticas. Claro es que esta atractiva literatura no es para aplicarla a los vulgares raspabuches de garrafas, sino para los ofrecidos en botellas largas, finas, resultantes de cosechas vigiladas en días y horas determinadas. Así, se logra un Chardonnay de amarillo miel de intensidad media, con aroma complejo, entre fruta y madera, de acidez fresca y equilibrada.

Puede ser un tinto rojo azulado, con ligeros tonos anaranjados, y aroma a franco ahumado y a berries maduros, también con sabor redondo, largo, cálido, a humo, chocolate y madera. Otros con gusto a pimienta negra y olor a cuero; alguno más elaborado con notas de tabaco y café. Seducidos por un verdadero encantamiento mágico ya no degustábamos seleccionados caldos sino plátanos maduros, melón tuna, jazmín, cereza negra y ciruela seca con intensos y armoniosos perfumes. Habría que descorchar los envases con la música adecuada”.
¿Alguna vez sentiremos los mismo con los vinos de los cerros de Ñuble y de Chillán adentro? ¿Podrán salir, como antes, por las tres rutas del vino?

CAMPOS HARRIET, FERNANDO, Jornadas de la Historia de Chile, Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago, Alfabeta Impresores, Santiago, 1981.
CASTILLO PERALTA, TITO, El Mercurio de Santiago, artículo El Famoso vino de Concepción, 7 de noviembre de 1980.
 FREZIER, FCO. AMADEO. Relation du Voyage de la mer du Sur aux cotes de Chili, Du pérou el de Bresil, Fait pendet les annes 1712, 1713 et 1714, París, 1716.
LEAMAN DE LA HOZ. Historia urbana de Chillán (1835-1900). Editorial IPROCH. Chillán, 1982.
Op. Cit. pp. 37-38
BENGOA, JOSÉ. Historia Social de la Agricultura Chilena. Tomo I, Ed. Sur, Santiago, 1988.
VIAL, GONZALO. Historia de Chile, cap. VII. pp. 743-821. Ed. Portada, Santiago, 1981.
La Discusión, Chillán 6 de abril de 1930.
La Discusión, Chillán 4 de agosto de 1937.
ALVARADO MOORE. RODRIGO, Los Caminos del Vino, Ed. Universitaria, Stgo., 1999.
 LA DISCUSIÓN, Chillán, 02 de febrero del 2001.
 LA DISCUSIÓN, Chillán, 04 de agosto del 2001.
 LA DISCUSIÓN, Chillán 16 de septiembre del 2001.
 ALVARADO MOORE, op. Cit., pp. 40-42.
Informe CHILEVID, 2001.
GUERRERO, RAUL, Las cincuenta y dos puertas de la Octava Región, Ediciones UBB-CEUR, Concepción, 2000, pp. 194.
 Geografía del Vino, El Mercurio, Santiago, diciembre de 1998.
Informe Seremi Región del Bío Bío, 1999.
MERINO, RICARDO, intervención en el I Congreso Agrícola del Valle del Itata. Coelemu, marzo del 2001.
ROSALES, DIEGO de. Historia general de Chile, Flandes Indiano, Imp. El Mercurio, Valparaíso, 1877.
La Discusión. Chillán, 25 de febrero del 2001.
La Discusión, Chillán, 2 de noviembre de 1999.