lunes, 28 de julio de 2014

UN ERROR: EL CIERRE DE LAS ESCUELAS NORMALES

p. Carlos René Ibacache 
Miembro de la Academia Chilena de la Lengua




Escuela Normal de Chillan (1925)

¿Por qué será que los gobiernos autoritarios cerraron las Escuelas Normales? En la administración de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931), fueron cerradas la mitad de ellas. Cuando en 1938 ganó el poder el presidente Pedro Aguirre Cerda, reabrió todas las cerradas por Ibáñez. Luego, en 1973 el gobierno militar tan pronto se adueñó del poder las cerró todas; lamentablemente las cerradas por Pinochet no fueron reabiertas, pese a todas las gestiones realizadas por la Federación Nacional de Profesores Normalistas durante los gobiernos de la democracia.

En todos los foros que ha habido en estos últimos años, nunca ha faltado la palabra de repudio hacia aquel sensible Decreto Ley Nº 253 del 14 de marzo de 1974, que le ha hecho mucho daño a la educación chilena, donde se determinó el cierre definitivo de las escuelas chilenas creadas en 1842 con la fundación de la Escuela Normal de Santiago, posteriormente llamada Escuela Normal Superior José Abelardo Núñez. Además de Santiago, donde hubo tres escuelas, también estuvieron presentes en Antofagasta, Copiapó, La Serena, Talca, Curicó, Chillán, Angol, Victoria, Valdivia y Ancud; más cercanas a nuestro tiempo, fueron las Escuelas Normales de Viña del Mar y La Unión. Esta fórmula existe con éxito además en otros países latinoamericanos, incluso hoy en día.


En Chile el impulsor de esta idea fue el prócer Bernardo O‘Higgins, quien se percató en Inglaterra de la existencia de esta experiencia: seleccionar a los niños más talentosos egresados de la enseñanza básica, antes llamada primaria o preparatoria. Luego de esta selección, eran incorporados a un instituto para entregarles contenidos humanísticos, científicos y pedagógicos. En esta etapa cobran real importancia los ramos pedagógicos, que son aquellos que nos acercan, a través de la metodología, a la mejor forma de enseñar. Aprender a enseñar es su objetivo.


Para conseguir un exitoso resultado era preciso contratar a un especialista pedagógico. Esa persona fue Diego Thompson, un profesor inglés residente en Argentina, discípulo de la escuela lancasteriana (creada por Joseph Lancaster), invitado por O`Higgins para que se hiciera cargo de esta misión en Chile.
En nuestras Escuelas Normales, el postulante tenía que estar entre los primeros diez alumnos de su curso, así funcionaba la preselección. Al concluir el ciclo básico (de 1º a 6º básico), los egresados debían cursar seis años de estudios (cuatro de educación científico - humanística y dos de educación pedagógica). Mientras que el egresado de Humanidades, (de 1º básico a 4º medio de hoy) también llamado ciclo de enseñanza científico - humanística, si quería ser profesor tenía que ingresar al ciclo pedagógico de la Escuela Normal.








Alumnos en diferentes etapas de su formación docente

Sin duda esta fórmula para la formación de profesores de primera enseñanza resultó óptima en nuestro país. De aquí salieron notables maestros, como Darío Salas Díaz, Luis Gómez Catalán, Humberto Díaz Casanueva, Moisés Mussa, Daniel Naveas, Oscar Bustos Aburto y una lista larguísima de grandes poetas, narradores, periodistas, etc. muchos de ellos obtuvieron el Premio Nacional de Literatura, Historia, Música y Periodismo.








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